Porque la memoria no tiene parques cerrados,
porque no es la memoria un pergamino, una lápida
o acero, un dorso transitable para buriles,
y también porque un dios ahora olvidado
tuvo una vez para la sed un vaso, para el llanto un oído
y sin palabras
rebalsó los niveles, desorbitó los causes
e inundó todo ejido, toda miseria,
algo que llaman vida, soplo, barro,
supura o sangra, pero brilla,
enciende.
Durante los días 12,13,14,15,16 y 17 de julio se desarrolló la séptima edición del Festival de Teatro Rafaela 2011. Comparto los comentarios y entrevistas que realicé para el suplemento del FTR del diario "La Opinión".