La verdad es que me ahogo sin pena,
por lo menos he resistido al engaño:
no participé de la fiesta suave, ni del aire cómplice,
ni de la noche a medias.
Muerdo todavía y aunque poco se puede ya,
mi sonrisa guarda un amor que asustaría a dios.

Susana Thénon (Fragmento de Poema)

domingo, 1 de agosto de 2010

Fotografiar: una mirada política

Este trabajo fue presentado en el marco del Encuentro Nacional de Mujeres realizado en Tucumán en el año 2009 y este año participó de la 3° Feria del Libro en la ciudad de Río Ceballos. Las fotografías son de Laura Zurbriggen, compañera de HMyO de la ciudad de Córdoba. Textos y poemas míos. También fue publicado en Feministas Inconvenientes. Cuadernos de pensamiento y debate.


 

  




FOTOGRAFIAR: UNA MIRADA POLÍTICA.

Fotografías: Laura Zurbriggen.
Presentación y poemas: Dahiana Belfiori.
Colectiva Feminista Anticapitalista las histeriqas, las mufas y las otras






 
“El feminismo es un impertinente. Es muy fácil hacer la prueba. Basta con mencionarlo. Se dice feminismo y cual palabra mágica, inmediatamente, nuestros interlocutores tuercen el gesto, muestran desagrado, se ponen a la defensiva o, directamente comienza la refriega.” (VARELA, Nuria. “Feminismopara principiantes”, Ediciones B, 2005, p 13.)
Este feminismo, el que es impertinente, el que se construye desde la rebeldía de lo cotidiano, el que pone “patas para arriba” todo el orden establecido, es el que practicamos y al cual adherimos, desde la mirada personal y desde la praxis colectiva. No es de extrañar, entonces, que sólo al nombrar la palabra feminismo se sucedan toda esa serie de “respuestas” que tan bien señala Nuria Varela. Es que subvertir lo dado, lo establecido, cuestionar las bases mismas de la cultura tiene sus riesgos. Desde esa mirada y desde esa praxis es que nos sumamos a la propuesta de compartir lo vivido. Sabiendo que estamos involucradxs y comprometidxs en hacer político lo personal. Mirada cuestionadora, cargada de subjetividad y de múltiples identidades que conformamos, que no sólo ejercemos para el afuera, sino que nos interpela fundamentalmente a nosotrxs mismxs. Y que asimismo, intenta manifestar la equívoca construcción simbólica del significado de la práctica política feminista y –por qué no decirlo- de las mismas feministas, como personajes en quienes se encarna un odio ancestral hacia los varones y, en consecuencia, hacia todo el mundo masculino.

En ese sentido es que entendemos que la fotografía es un modo más de acceder a esa mirada y de compartirla. Fotografiar es testimoniar –en el doble carácter de artífice y testigo- la acción política vinculada estrechamente con nuestra manera de estar en el mundo: el feminismo. Feminismo que circula en las calles, que ocupa el espacio público, que construye poder desde sus mismas prácticas. Fotografiar, además, para dar cuenta de que se asumen otras luchas, no sólo aquellas que denuncian y visibilizan la opresión ejercida hacia las mujeres, sino también hacia otros colectivos subsumidos bajo la categoría de excluidos. Es, además, la posibilidad de exponer –y de exponerseaotras miradas sobre la realidad y a otras maneras de estar en el mundo, que enlazacon la posibilidad de construcción dialéctica de esa realidad.

La temática: Acciones en las calles de Neuquén.

Las tres series fotográficas elegidas, tienen como eje central acciones callejeras realizadas por grupos de feministas, en el marco del XXIII Encuentro Nacional de Mujeres realizado en la ciudad de Neuquén en el mes de agosto del año 2008.

A través de estas series de fotografías podemos conocer algunas de las prácticas políticas que asumen mujeres y feministas organizadas, y que participan de los Encuentros imprimiéndoles sus propias visiones y maneras de concebir lo político. Marchas, pegatinas y graffitis son muestras de algunas de esas prácticas que denuncian al poder que oprime, que normaliza y que castiga material y simbólicamente aquello que está por fuera de esa norma, construida bajo las premisas del patriarcado.

viernes, 2 de julio de 2010

Arde Memoria por Sonia Tessa.

las12
Viernes, 9 de abril de 2010

ARDE MEMORIA

Tenía 51 años, era viuda, tenía dos hijos. Su voz, su memoria, su coraje fueron fundamentales en el largo camino que todavía recorre la Justicia para alcanzar a los responsables del genocidio perpetrado durante la última dictadura militar en Argentina. En su cuerpo llevaba las marcas de la tortura, la violación y un aborto producto de esa otra forma de tortura sistemática. Nueve puñaladas terminaron con su vida hace apenas diez días, en un hecho que mientras no esté esclarecido completamente guarda la sospecha de estar destinado no sólo a callarla, sino también a amedrentar al resto de los hombres y las mujeres que siguen dando testimonio en cientos de causas todavía abiertas. Como si quisiera ponerse a girar otra vez la correa de transmisión del terror con que los genocidas quisieron asegurar su propia impunidad. Pero el miedo, dicen quienes sobrevivieron y lo prueban sus testimonios, no alcanza a paralizar la búsqueda de justicia, la necesidad de seguir haciendo hablar a la memoria. Aunque duela, aunque arda.
 
 Por Sonia Tessa
Durante más de 30 años, Silvia Suppo y su compañero Jorge “Corcho” Destefani lucharon por memoria y justicia en Rafaela, la conservadora ciudad de 100 mil habitantes llamada la Perla del Oeste Santafesino, donde florece la economía y permanece el espíritu de la inmigración piamontesa. Eran compañeros de militancia cuando fueron secuestrados, el 24 de mayo de 1977, y derivados juntos a centros clandestinos de detención de la capital provincial. Decidieron volver a su ciudad, contra viento y marea, cuando fueron liberados, ella después de un año y medio, él tras cinco años de cautiverio. Armaron una pareja, tuvieron dos hijos, llevaron adelante la talabartería Siempre Cuero, en el centro de la ciudad, construyeron una casa luminosa y nunca jamás dejaron de lado la militancia. Todos los 24 de marzo organizaron actos conmemorativos, invitaron a Estela de Carlotto, impulsaron los juicios contra represores. En octubre del año pasado, Silvia dio un testimonio clave en la causa Brusa, y recordó a su compañero, que había fallecido pocos meses antes por una enfermedad. El lunes 29 de marzo, a media mañana, Silvia atendía su negocio. Ilusionada porque en pocos días viajaba a París a visitar a su hermano. Entre las 9 y las 10, le asestaron 9 puñaladas. La dejaron detrás del mostrador, y fue encontrada un rato después, por una clienta ocasional. Murió cerca del mediodía, en el Hospital Jaime Ferré. “Sostenemos la hipótesis del asesinato político hasta que se nos demuestre lo contrario con una investigación convincente”, afirma Marina, su hija, después de la marcha que convocó a la enormidad de 1200 personas –en Rafaela–, para pedir el “total esclarecimiento”. Aunque el fiscal Rodolfo Zehnder y el juez Alejandro Mognaschi trabajen sobre la hipótesis principal de homicidio en ocasión de robo, el ensañamiento del crimen deja más dudas que certezas.
Y pone en carne viva heridas muy actuales para los testigos-sobrevivientes. “Esto provoca un profundo dolor, un dolor que siento por primera vez de esta manera. Por la historia compartida. Y no sé cómo vamos a sanarlo. Porque nosotras le encontramos la vuelta al juicio, a lograr sentencia, pero esto es un dolor al que no le encuentro palabras”, expresa entre lágrimas Stella Vallejos, compañera de cautiverio de Silvia en la Guardia de Infantería Reforzada de Santa Fe. Las unía esa relación profunda que quedó como marca de vida entre prisioneras políticas que la pasaron juntas. Se visitaban cada tanto, compartían las instancias del juicio a Brusa, festejaron juntas la sentencia. En esa causa fueron condenados, el 21 de diciembre pasado, el ex juez Víctor Brusa, Juan Calixto Perizotti, María Eva Aebi, Mario Facino, Héctor Colombini y Eduardo “Curro” Ramos a penas de entre 19 y 23 años de prisión.
Mientras no esté esclarecido, lo ocurrido con Silvia actualiza el horror de la desaparición de Jorge Julio López. “En la Argentina, dar testimonio en los juicios sigue siendo exponer la vida”, consideró la historiadora Andrea Andújar. Así lo viven las personas que están próximas a dar testimonio, aunque no las amedrenta. “Creo que todos somos conscientes de dónde estamos declarando y sobre qué estamos declarando. Pero es el acompañamiento de la sociedad lo que más nos protege y que se entienda que no se trata de casos cerrados, que falta mucho para investigar, con poderes económicos que los sustentan, como ocurre en el caso de los supuestos hijos de Ernestina Herrera de Noble”, considera Liliana Gómez, testigo de la megacausa Feced, que está por iniciarse en Rosario. Por su parte, Adriana Calvo, de la Asociación de Ex Detenidos y Desaparecidos, subraya que los testigos sobrevivientes han roto el mandato de ser correa de transmisión del terror. “Nosotros pudimos dar testimonio para luchar por justicia”, afirmó. Las palabras de los sobrevivientes no sólo traen al presente a los desaparecidos, cuyo lugar de aparición es la memoria, sino que también urden la trama para construir un futuro con justicia.

Una testigo importante

El testimonio de Silvia fue importante, porque había podido verles la cara a los represores cuando la llevaron a reponerse de un aborto en el Centro Clandestino de Detención La Casita. Silvia se refirió específicamente a la violencia sexual como otra forma de tortura. Le llevó años ponerle nombre pero, cuando lo hizo, no dudó. Recordó que se dio cuenta de su embarazo cuando ya la habían trasladado desde el CCD de la Comisaría 4ª al GIR. Perizotti –responsable de su lugar de detención– le dijo que debían “reparar el error”. Ella tenía 18 años. En una entrevista para LasI12, el año pasado, Silvia recordó su indignación ante las palabras de Perizotti. “Como si hubiera sido un error. Me quedé helada cuando me dijo eso. No fue ningún error, tres personas no te violan por error. El lo decía como si hubiera sido obra de algún estúpido, como si no lo hubieran utilizado como método”, dijo Silvia. Su testimonio –como el de las otras testigos– no sólo tuvo el valor de acusar a los represores, sino que también puso las cosas en su lugar: las violaciones fueron otra forma, específica, de tortura. No le resultó fácil decirlo.
Por eso, el acto del último 24 de marzo en Santa Fe fue distinto. Leyeron la sentencia. En otra ocasión, los y las querellantes le entregaron una copia al gobernador Hermes Binner y a la vicegobernadora Griselda Tessio. Ella –que fue fiscal en causas por los derechos humanos– fue la única funcionaria provincial que salió a hablar de la posibilidad de “sicarios”. Es decir, de un crimen por encargo.

La escena del crimen

En la misma semana del asesinato, dos jóvenes fueron detenidos como sospechosos. Rodrigo Sosa, un muchacho de 19 años que se ganaba la vida lavando autos, conocido como Sosita, y su primo Rodolfo Cóceres, de 22. A Sosita, Silvia lo conocía porque de vez en cuando el chico le lavaba el auto. Los sospechosos aseguraron que habían entrado a robar y se adjudicaron el crimen, que negaron haber cometido por encargo. Las pocas cosas que habían robado, y el presunto celular de la víctima, estaban en casa de unos familiares de Cóceres. Pero una nota publicada el domingo pasado en Página/12 por Juan Carlos Tizziani detalla algunas contradicciones: los jóvenes dijeron que la habían asesinado en la parte de adelante del comercio, y luego la arrastraron hasta detrás del mostrador, pero no hay ni una gota de sangre en todo el trayecto. También los sospechosos dijeron que Silvia se había resistido el robo, y por eso la mataron. Pero la perito de parte Dolores Perassolo no vio heridas defensivas y cortantes en las manos ni los brazos. Desde el primer día, los hijos de Silvia consideraron imposible que su madre se resistiera a un robo.
Otro punto es la contaminación de la escena del crimen. La abogada de Hijos de Santa Fe, Lucila Puyol –que junto a su colega Guillermo Munne representa a los hijos de Silvia–, afirmó: “Desde el primer momento cuestionamos cómo se contaminó la escena del crimen. Cuando la policía llegó al lugar, comenzó a tomar huellas, y había mucha gente adentro del comercio. A tal punto que, cuando entraron los hijos, ellos tuvieron que echar a los curiosos. No había ni siquiera un vallado, y eso es significativo, porque esas horas son fundamentales”. La profesional también criticó que la fiscal subrogante de ese momento, Cristina Fortunato, no fuera convocada por la policía para las primeras medidas. “Ese mismo día, cuando fuimos a hablar con la fiscal, ella ni siquiera había sido notificada, le avisaron después de que la inspección había concluido”, rememoró Puyol.
Después de reunirse con el fiscal, la abogada consideró que “el ensañamiento y la alevosía nos impiden plantear un homicidio en ocasión de robo, puede ser por encargo, o por lo menos calificado por la alevosía”. Y señaló que “la policía está intentando cerrar rápidamente la causa. Pero, como dicen los hijos de Silvia, deberá haber un proceso que demuestre realmente cómo ocurrieron los hechos, porque ella, en calidad de testigo de crímenes de lesa humanidad, puede haber sido víctima de un atentado como hubo tantos otros”.
La propia Puyol sufrió, el año pasado, el robo de su estudio jurídico, del que –justamente– faltaron los discos rígidos de las computadoras. La investigación policial cerró rápidamente como un robo común. Por eso Hijos seccional Santa Fe alertó el mismo día del crimen que no se podía circunscribir la investigación. En ese sentido, Munné reclamó al Estado que, “si como dicen las autoridades policiales, judiciales y del Ejecutivo, no se descarta la hipótesis del ataque a Silvia como testigo de crímenes de lesa humanidad, esa hipótesis debe ser trabajaba con un esquema investigativo de más amplio alcance que la del delito común. Es lo mejor para la tranquilidad de los testigos, que una situación así no se minimice, porque la vulnerabilidad se hace más grande si ante una situación de semejante gravedad no se profundiza realmente la investigación”.
En esa línea, Puyol consideró imprescindible que el Estado no cristalice la impunidad, algo que ocurre “si no se investigan los hechos ocurridos, o terminan en nada, sin responsables, sin saber quiénes los sostienen, porque acá hay recursos económicos y humanos. Se necesitan recursos materiales y gente, no los hacen los represores que tienen entre 70 y 80 años”. La teoría del sicario tiene que ver “con las dudas acerca de si podría haber sido un crimen por encargo, por la calidad de testigo de Silvia. Pero en la causa todavía no hay elementos en ningún sentido. Está en las preliminares”.

Otra causa

Lo cierto es que Silvia era denunciante en una causa que investiga el Juzgado Federal número 1 de Santa Fe, por la desaparición de Reinaldo Hattemer, que fue secuestrado el 25 de enero de 1977 en una iglesia de Rafaela, a la que había concurrido para presenciar el casamiento de uno de sus hermanos. Silvia reconoció a cuatro personas de su ciudad, y volvió a reconocerlos cuatro meses después, cuando la secuestraron a ella, a su hermano, Hugo Suppo, y a Destefani. De los cuatro acusados como secuestradores, dos fallecieron. Y otros dos viven en Rafaela. Uno de ellos está jubilado, y el otro trabaja en la seguridad privada de una empresa. “Hasta ahora las dos causas no están relacionadas. Una cosa es la que está en el Juzgado Federal, que continúa abierta. En esa causa, Silvia y su esposo fueron denunciantes. Por otro lado, está la causa por el asesinato de Silvia, en un Juzgado de Instrucción provincial, con Sosa y Cóceres como imputados”, afirmó Puyol.
Como muchos testigos en causas por crímenes de lesa humanidad, Silvia sufrió amenazas e intimidaciones. Hace un año y medio, cuando concurrió a declarar en la etapa de instrucción de la causa Brusa, la intimidaron, con personas que se paraban amenazantes en la puerta de su negocio.

Valientes testigos

Con la causa por el asesinato de Silvia Suppo en estado preliminar, es imposible tener certezas. Sí que la víctima de un brutal asesinato fue una importante testigo contra represores en causas por crímenes de lesa humanidad. Y que en Rafaela ese tipo de asesinatos en ocasión de robo son del todo inusuales. La duda, el temor, el dolor que provoca su muerte tiene un efecto expansivo, así como el reclamo de justicia.
“El simple hecho de que nos surja la duda significa que las cosas no están claras y que sentimos que no hay una protección. Significa estar expuestos. Justamente, la protección es eso, que la sociedad tome conciencia de que estamos expuestos, que estamos juzgando genocidios, que algunos de los responsables no están procesados, que otros están prófugos, que no hay un control desde los organismos del Estado sobre qué visitas reciben y qué contactos tienen los que sí están presos. Y hay muchos con prisión domiciliaria”, planteó Liliana Gómez, quien cuestionó fuertemente la respuesta del Programa de Protección de Testigos de la provincia, a cargo de Oscar Blando. “Lo primero que salieron a decir fue que Silvia no estaba en el programa. Eso nos resulta extorsivo. Quiere decir que sólo cuidan a los testigos que están en el programa. Fue una respuesta que a mí me molestó muchísimo. No es una respuesta política para dar”, apuntó la testigo de la causa Feced. Para ella, las dudas que genera el asesinato de Silvia, así como la certezas de la desaparición de Jorge Julio López, “significan que el tema todavía está vivo”.
Testigo de la misma causa que Silvia, y con gran cercanía afectiva hacia ella, Stella Vallejos no deja de pensar en el valor del testimonio. “Queremos ser cuidadosas, porque este tipo de hechos tienen el objetivo de amedrentar, y no queremos replicarlo”, afirma Vallejos. ¿Qué significa dar testimonio? “Es una experiencia dolorosa, es exponer todo lo que nos pasó, pero es liberadora, te libera porque contribuís a la reconstrucción histórica, hacés una contribución a terminar con la impunidad, y eso no tiene precio. Lamentablemente tenemos un testigo desaparecido y una muerte que necesitamos esclarecer. Yo voy a seguir dando testimonio porque fui querellante en una causa pero voy a ser testigo en otras”, afirma.
Por su parte, Adriana Calvo, de la Asociación de Ex Detenidos y Desaparecidos, admitió que crímenes como el de Silvia “por supuesto que generan temor, como lo generó el secuestro de Julio López, y en ese caso incluso no había ninguna duda sobre el motivo. En este puede quedarle a alguien alguna duda. Nosotros pensamos que, hasta que se demuestre lo contrario, esto tiene objetivos políticos, de amedrentar, de amenazar brutalmente a los testigos”. La sobreviviente afirmó que “generar temor es uno de los fines que buscan. Los que hace mucho que estamos en esto sabemos que no está mal tener miedo, lo que hay que lograr es que no te paralice”.
Entre los mandatos que los genocidios dejaron en la sociedad, uno de ellos fue que los sobrevivientes actúen como cadena de transmisión del terror. “Ese fue el objetivo de que hubiera sobrevivientes. Pero desde la Asociación nosotros decimos que logramos vencer ese mandato. Porque logramos hacer testimonio sin transmitir el horror sino la lucha de los compañeros, quiénes eran, por qué los llevaron, la resistencia posible en los campos de concentración, la exigencia de justicia. Nosotros logramos vencer ese mandato porque seguimos luchando, y el terror no logró su objetivo, que es paralizar”, afirmó la testigo en la causa ESMA. Para muchos –como lo fue para Silvia– luchar por la justicia fue un motivo de vida. “La parte central de nuestra militancia fue dedicada a eso. Nos parece que en ese sentido hemos roto el mandato de los genocidas.”

La razon de su vida

¿Silvia tenía miedo? Marina, su hija, de 24 años, no duda ni un instante. “Nunca tuvo miedo. Al contrario, luchaba. El miedo mayor de ella era la injusticia y la impunidad, esos eran sus fantasmas.” Por eso, rememora, cuando declaró en la causa Brusa “se sacó un gran peso de encima”. Y se cuela el recuerdo de su madre cuidando de ella y su hermano Andrés. “Nosotros sabíamos algo, pero ella fue esperando nuestros procesos intelectuales y psicológicos, para que pudiéramos asumir lo que tuvo que vivir nuestra madre. Ella nos protegió de estas cuestiones violentas y morbosas que no formaban parte del legado que querían dejarnos”, apunta Marina.
Convocada a hablar de la persona que fue Silvia Suppo, que a los 18 años estudiaba enfermería y era militante de la Juventud Peronista, Marina subraya “el compromiso” que mantuvo durante toda su vida, que llegó hasta los 51 años. Marina recuerda que su madre “fue una luchadora, una militante de toda su vida, en todos los planos que implica para una persona. Siempre tuvo coherencia, a pesar de toda la impunidad. Calculá que recién después de 30 años pudo mandar presas a las personas implicadas. Pero no pudieron romperla ideológicamente, no pudieron corromperla. Ese fue el gran triunfo de ella, de su generación, de los sobrevivientes de aquellos años”.
Marina quiere subrayar el legado político de su madre no sólo en los grandes gestos sino también en la vida cotidiana. “Desde cómo nos educó, desde el amor, pero también con esa coherencia, siempre buscando la justicia, la verdad, siempre yendo por el lado democrático, en el acto más mínimo, que supone hacer la comida, desde decisiones cotidianas y triviales, qué jugo comprar, qué información darnos, a qué escuela ir, fue muy coherente toda su vida”. Por eso, considera importante recordar a su madre por el “lado humano, que es político, porque tiene que ver con la ética”. Y recuerda que su mamá y su papá hicieron “una opción política. Podrían haberse perdido en el anonimato de una ciudad más grande, pero decidieron emprender su vida acá contra viento y marea. Fue muy difícil cargar con ese pasado, que ahora nos da orgullo pero en algún momento fue una carga. Ellos tuvieron mucho miedo de cómo eso nos podía afectar a mí y a Andrés. Eso lo valoro mucho, que en esta ciudad que aún es conservadora, pero lo era mucho más hace 30 años, ellos salieran a denunciar lo que les pasó”.
Para Marina, no es casual la reacción de la ciudad. “El acercamiento que tuvimos fue mayor de lo esperado, el grado de compromiso que han manifestado, tanto los poderes del Estado como las organizaciones no gubernamentales, el apoyo que recibimos, fue inesperado. Rafaela se mostró súper conmovida, se acercaron muchas personas que ni siquiera habían manifestado un interés político, se movilizaron muchísimo, y eso también lo tengo que reconocer”, subrayó Marina.
El crimen de Silvia Suppo movilizó a Rafaela. “De inmediato se formó un grupo de amigos y compañeros de Marina para hacer algo en relación a lo que había pasado. Nos estamos reuniendo con otras organizaciones de Rafaela y con personas en particular para continuar la lucha por el esclarecimiento del asesinato”, apuntó Dahiana Belfiori, del grupo de mujeres Enredaderas. Así llegaron a la marcha del Viernes Santo, cuando juntaron la enormidad de 1200 personas, en una ciudad de 100 mil, con altos índices de apatía.
Es que Silvia y Corcho no estuvieron tan acompañados como en las grandes ciudades en su lucha por los derechos humanos, aunque últimamente veían los frutos de su prédica. “Era una mujer muy entera que junto a su compañero llevaron la lucha en mucha soledad. Pero evidentemente la semilla está plantada, porque ahora somos muchos y muchas los que estamos preocupados y activando para que se esclarezca su crimen”, consideró Belfiori.

jueves, 1 de julio de 2010

Cartas de lectora

Aquí les copio un intercambio por medio de cartas de lectora, a propósito del Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

martes, 1 de junio de 2010

Los Derechos de las Mujeres tuvieron su primer festival latinoamericano.

Esta nota fue publicada en el diario Castellanos de nuestra ciudad en diciembre de 2008. Lamentablemente el link ya no se encuentra disponible, y por cambios y "reformulaciones" del diario el archivo no está on-line, cosa lamentable. La nota fue publicada gracias a la intervención de un periodista amigo que en aquel momento trabajaba en el diario. 


Los Derechos de las Mujeres tuvieron su primer Festival Latinoamericano.

El domingo 7 de diciembre grupos de feministas y mujeres de todo le país y de Latinoamérica, junto a artistas e importantes personalidades, reclamaron por el derecho de las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos.

Por: Dahiana Belfiori

El domingo pasado fue sinónimo de lucha, pero también de alegría. Desde la tarde del domingo 7 de diciembre, el verde de la plaza ubicada frente al teatro Coliseo, en la Capital Federal, fue tiñéndose de otro verde, uno que clama por el derecho de las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos y que identifica a la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Verdes y violetas en los cuerpos de las mujeres, de las lesbianas, de las travestis, de todas las humanas que con sus desobediencias e inconveniencias hicieron que el sopor de la siesta se transformara en una fiesta compartida. La plaza fue el escenario principal de encuentro en el que feministas llegadas desde diferentes puntos del país desplegaron banderas, gritaron consignas en contra del patriarcado y a favor de la legalización del aborto y repartieron volantes a las personas que transitaban y a las que iban llegando convocadas a participar del Primer Festival Latinoamericano por los Derechos, la Salud y la Vida de las Mujeres, organizado por la mencionada Campaña.

Dos escenarios, una misma consigna.

Mientras en la plaza y en la calle frente al Coliseo, las manifestantes no dejaban de entonar la ya clásica consigna “anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”, puertas adentro del teatro se iba gestando lo que sería el Festival que comenzaría alrededor de las ocho y media de la noche, evento que sostuvo la misma consigna. La calle y el teatro: dos escenarios que fueron testigos de la energía y la alegría de mujeres organizadas denunciando que el aborto clandestino mata a una mujer por día en Argentina, y al Estado y a la Iglesia, cómplices de esas muertes. Gritando que tienen derecho a decidir sobre sus cuerpos y sus vidas, y haciendo alarde de su condición de “brujas”, presagiaron las palabras que saldrían de la hermosa voz de Liliana Daunes –reconocida periodista y locutora feminista- durante la lectura de la Declaración de los derechos de las humanas y que tuvo a cargo la conducción del Festival. “Todas las mujeres tenemos derecho a bailar, para celebrar nuestros derechos y para olvidar los mandatos y las culpas impuestas –manifestó -. Todas las mujeres tenemos derecho a cantar en el coro inconveniente de todas las rebeldías”. Confirmando sus dichos, las presentes no dejaron de bailar y de cantar sus rebeldías.
Las Feministas Inconvenientes –uno de los muchos grupos de feministas presentes- pusieron su sello creativo modificando las letras del himno nacional y de la marcha peronista, reclamando por el aborto legal, y marcharon en la calle minutos antes de que diera comienzo el festival junto a Liliana Felipe y Jesusa Rodríguez, que no dejaron pasar la oportunidad de manifestar su apoyo a las mujeres que luchan por sus derechos. Ambas invitadas de lujo fueron las que cerraron la programación de esta fiesta por la vida y la salud de las mujeres.


El Festival

Con una programación cargada de personalidades y con las localidades agotadas, el Coliseo fue testigo de un acto político único. Las y los artistas y el público presente, que llegó desde Santa Fe, Córdoba, Tucumán, Neuquén, Jujuy, Catamarca, Entre Ríos y de distintos puntos de la provincia de Buenos Aires, además de feministas de Brasil, México, Nicaragua, Colombia, Uruguay, Ecuador, Chile y España, se unieron en un reclamo durante las más de cuatro horas que duró el evento: el aborto legal.
Abrió la noche Chiqui Ledesma junto al grupo Cosecha de Agosto, que tuvieron como invitada especial a Teresa Parodi. Le siguieron Lidia Borda con un repertorio de tangos y baladas, y luego Actitud Maria Marta, el grupo argentino de hip hop que levantó a todas las personas de sus cómodos asientos y las puso a bailar por los pasillos del teatro y sobre el mismo escenario. Mariana Baraj emocionó con su voz y una ejecución impecable de sonidos.
Pero el broche de oro estuvo a cargo de Jesusa Rodríguez, la actriz mexicana, que llegó con un pizarrón y vestida de maestra a dar una clase “magistral” sobre “el oscuro y maloliente tema del sexo” haciendo destornillar de risa a todas y todos los presentes. La ovacionada Liliana Felipe, cantante y compositora cordobesa, actualmente radicada en México, cerró la noche, con un repertorio más que inconveniente y con la única compañía de un piano. En complicidad con todas las mujeres presentes, que volvieron a cubrir las alfombras de los pasillos, cantó los temas más esperados. Luego Jesusa y Liliana, compañeras de vida, cantaron juntas y para finalizar invitó a un “coro muy especial”: las Feministas Inconvenientes subieron al escenario a entonar las estrofas del himno modificado en el que pedían la legalización del aborto en Argentina, que horas antes habían compartido en las calles.
La Declaración de los derechos de las humanas en uno de sus artículos dice: “todas las mujeres tenemos derecho a rebelarnos frente al patriarcado y a todas las opresiones. Tenemos derecho a desobedecer frente al orden que manda y disciplina. Tenemos derecho a gritar ante el poder que silencia.” ¿No fue ésta, acaso, una más de las muchas manifestaciones de estos derechos que ejercen real y concretamente las mujeres?

Adhesiones

Adhirieron a la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito Joan Manuel Serrat, Lito Vitale, Fanny Mandelbaum, Liliana Hendel, Cristina Banegas y Marta Bianchi, entre otras muchas personalidades que dejaron grabados mensajes de apoyo.


domingo, 30 de mayo de 2010

Memoria Inconveniente

Aquí copio una nota que fue tapa del suplemento Rastros del diario La opinión de Rafaela, y que no cuenta con versión on-line. Trata sobre la Fuga de la antigua cárcel de mujeres de la ciudad de Córdoba, ahora convertida en un "paseo". Fecha de publicación: domingo 8 de junio de 2008.

 

Tapa:

Memoria inconveniente

En mayo de 1975, veintiséis mujeres protagonizaron una fuga de la cárcel del Buen Pastor, ubicada en Córdoba. Hoy, a 33 años de aquel episodio y con el lugar convertido en un prolijo paseo adecuado al consumo capitalista, otro acto de resistencia le otorga una nueva significación. Mientras tanto, las ex presas políticas continúan sosteniendo: “nuestro compromiso es construir una sociedad para todos y todas”.

Interior:

Las que escribieron la historia

Por Dahiana Belfiori*

El sábado 24 de mayo, en la ciudad de Córdoba, se realizó un particular paseo por el ahora llamado “Paseo del Buen Pastor”, lugar donde funcionó durante muchos años una cárcel de mujeres. Este espacio, testigo de detenciones y torturas durante la última dictadura militar, hoy pretende ser un sitio para la memoria y la cultura y no es más que otro símbolo del capitalismo acérrimo. Allí, y en un acto de recuperación y de construcción activa y colectiva de la memoria, ex-presas políticas relataron la historia de una fuga.
                                                                                                     


¿Qué significa huir, fugarse, escapar? Quizás estas palabras suelan remitirnos a la imagen de la manifestación de la cobardía, de no poder enfrentar la realidad, de no poder o  no querer asumir responsabilidades. Sin embargo a veces la ambigüedad de los términos y su incapacidad para significar ciertos hechos, nos juegan una mala pasada. La fuga de la que voy a hablar no tiene rastros de cobardía. Es un símbolo de lucha, de compromiso, de resistencia. Y tiene como protagonistas a veintiséis mujeres.
En un espacio que pretende ser de cultura y de memoria, aparece la mirada serena pero firme de las mujeres allí reunidas que insinúan el camino. Existe un imperativo: acercarse. Pero no es de esos construidos por la historia oficial, es más bien aquel que surge de la inquietud interna, de la necesidad de hallar respuestas. Y entre aquellos ojos que miran -que nos miran- y esa especie de guía interior, hay una línea casi imperceptible que nos une, que nos agrupa, que nos re-une para resignificar y recuperar la historia, como casi siempre, la no contada.
Ellas están ahí para decirnos en voz alta lo que vivieron en sus cuerpos y en sus corazones. El recuerdo de la fuga del 24 de mayo de 1975, nos convocó, treinta y tres años después y por primera vez, a unas cien personas a dar un intenso paseo por el ahora  llamado “Paseo del Buen Pastor”. Ubicado en pleno centro de la ciudad de Córdoba,  que por aquellos años y durante muchos años más fuera cede de una cárcel de mujeres. Presas políticas, presas sociales, mujeres torturadas, voces acalladas entre esas paredes que hoy, cínicamente, parecen no registrar su paso, su permanencia y su resistencia.  Sí, resistencia. Porque a pesar de haber sido injustamente encerradas, aquellas mujeres que durante más de veinte días venían sosteniendo una huelga de hambre dentro del penal, al mismo tiempo organizaban su salida. Fuga que sería la “piedra en el zapato” del por entonces interventor, Brigadier Lacabanne, quien mientras declaraba aniquilada en Córdoba a la “subversión” en el Tedeum que se realizaba en al actual Teatro Libertador San Martín, era informado de la huida de veintiséis mujeres de la cárcel del Buen Pastor.
Resistían entonces, mujeres de cuerpos jóvenes, que luchaban por un mundo mejor, que pretendían una sociedad de la inclusión, antes, durante y después de su injusto encarcelamiento. Resisten ahora, mujeres de miradas jóvenes, que habiendo sido protagonistas y artífices de aquellos increíbles hechos, de los que nueve compañeras permanecen desaparecidas, nos enseñan con su ejemplo y con su andar que los caminos los hacemos entre todos y todas. Nos enseñan que nadie puede imponernos una memoria falsa, reconstruida sobre la fachada de “paseos de la memoria” que fueron espacios de detención y de tortura. Aprendemos que no somos seres aislados, que no hay encierro que aniquile el deseo y el poder que surge del estar y del hacer con otras personas. Aprendemos que la memoria es un ejercicio activo de construcción.
Las histériqas, las MuFAs y las Otras, una colectiva de activistas feministas de Córdoba, organiza esta “visita guiada al paseo del torturador”, expresión que anula el eufemismo de la palabra “paseo” que impuso el poder de turno, e invita a las ex-presas políticas a compartirnos su historia. Allí la voz de estas valientes mujeres nos acompaña durante casi dos horas. Además de mostrarnos el lugar de la fuga, que hoy no es más que un lujoso café en el que sólo algunas pocas personas pueden degustar su aroma, nos cuentan la manera en que vivían sus días dentro del penal. Y por fuera, personas, que miran sin entender, que oyen sin escuchar. Absortas en su mundo efímero edificado sobre el dolor y el sacrificio ajeno, no alcanzan a comprender el significado de ese andar, de ese compartir el camino.
Para quienes caminamos las antiguas galerías, ahora “renovadas”, resulta irónica esa separación, tan evidente, entre quienes pueden acceder a un espacio que se mide en un valor de cambio altísimo, verdaderos presos del mercado de consumo, y quienes permanecen por fuera deseosos de entrar, de “ser parte de” (no se de qué ilusoria “felicidad”), sentados sobre prolijos espacios de césped plantado. Es por ello que esa caminata adquiere un sentido profundo de compromiso. En ese acto de pisar, de hablar desde el testimonio de lo vivido, de escuchar, de acompañarnos, surgen las “voces que construyen colectivamente este discurso de memoria”, memoria “inconveniente” y desobediente a los lugares impuestos y a los discursos desplegados por quienes sostienen y perpetúan por medio del poder este sistema de exclusión.

*dahiabell@yahoo.com.ar

sábado, 29 de mayo de 2010

Semanas, ¿santas?

Nota publicada en el suplemento Rastros del diario la opinión el domingo 20 de abril de 2008. Sobre el conflicto "del campo".


Semanas, ¿santas?

* Por Dahiana Belfiori


Escribir para la sección cultural de un diario implica al menos hacerse una pregunta inicial: ¿qué entendemos por cultura? O, si se prefiere, reformulada en primera persona -como si una se estuviera cuestionando las bases de los saberes incorporados a lo largo de la propia historia personal-: ¿qué entiendo por cultura? Difícil tarea dar con una posible respuesta, aclaro desde el inicio que no es mi intención ensayarla aquí. No sólo resultaría insuficiente, sería un despropósito para tan contadas líneas. Pero la pregunta tiene relevancia, en cuanto lo que se leerá en los párrafos siguientes parecerá alejado de lo que solemos llamar “cultura”. Querría mostrar, por oposición o por descarte, que “cultura” es mucho más que aquello que vemos como espectáculo, o aquello que asociamos sólo con el arte. La cultura, o lo cultural, alude de manera profunda a la experiencia de vivir en comunidad y como tal está íntimamente relacionada con la política. Es en esa experiencia compartida en la que el entretejido social se manifiesta de muy diversas maneras. Es un entramado (¿o un amasijo?) que nos precede y por lo tanto nos conforma y condiciona.

Podremos ir desatando los nudos, descifrando las tramas, destejiendo esa herencia cultural que muchas veces nos aprisiona, nos impone formas de vida, nos ata a modelos y a moldes que debemos seguir casi sin cuestionamientos. Sin embargo, si nos animamos a mirar sin prejuicios la historia reciente de este conjunto de  tierras a las que por lo común llamamos país, veremos que existe en él una fuente de voces que se animaron a romper mandatos, a denunciar, a ejercer ese derecho de “ir en contra de”, incluso en contra de la cultura.  No se trata aquí de negar el pasado, se trata de obligarlo a hablar. De estimularlo a que nos relate, desde las diversas voces, las otras historias no contadas.

Esas voces, otras voces, multiplicidad de voces que gritan desde hace un año en las gargantas de las maestras y los maestros la increíble muerte –asesinato- de un compañero que luchaba en las calles. Carlos Fuentealba es el símbolo de una lucha marcada por la tragedia. Un reclamo que la gente (que pretendía disfrutar de su semana santa) despreciaba, que el gobierno silenciaba y que los empresarios detestaban porque implicaba cuantiosas y variadas pérdidas. Resulta curioso que al año siguiente, en otra “semana santa” nos encontráramos convulsionadxs, esta vez por otros motivos. Llama la atención, además, el altísimo apoyo “popular” que recibió la protesta del campo. Inevitablemente surgen las comparaciones. ¿Cómo es posible que la misma gente que condenaba una metodología de protesta, hoy la avale sin condiciones? ¿Con qué criterios o bajo qué intereses una protesta se ve como más legítima que otra?

Tuvo que morir Fuentealba para que nos animáramos a decir “todxs somos Fuentealba”. Y ahora resulta que así, sin más, “todxs somos el campo”, o “el campo es el pueblo” ¿Tanta es la empatía que nos genera la imagen de las y los inmigrantes que vinieron “con una mano atrás y otra adelante” que no somos capaces de “separar la paja del trigo”, sólo para seguir utilizando la misma jerga? Un amigo cordobés, Seba, con quien conversaba sobre lo que estaba pasando en el campo, me recordó un viejo dicho: “los argentinos y las argentinas descendemos de los barcos”, y agregaría que descendimos en tandas, a lo largo de varios siglos. Tomo esta frase porque creo que es así, que así nos hicimos. Nuestra herencia cultural es mayormente europea, mal que nos pese a algunxs. Pero estas tierras no son nuestras, son de quienes las habitaban y trabajaban antes de la invasión colonizadora y de otras invasiones y exterminios posteriores, o en el mejor de los casos diría que la tierra y sus frutos (que incluyen el agua) deberían ser de todxs. La gente de los pueblos originarios que, sobreviviente de aquellas terribles matanzas y de las persecuciones actuales, lucha por el acceso a una tierra que es legítimamente suya, ¿entrará en la caracterización de “pequeño productor”? Las personas de los movimientos campesinos que pelean desde hace años por una reforma agraria ¿se sentirán representadas en esta “lucha”? No es de mi interés analizar los hechos desde una perspectiva dicotómica, la que se plantea como la única realidad: gobierno versus campo. Y no me interesa simplemente porque la realidad exhibe mucho más que dos polos en tensión. En esa falsa dicotomía se enmascaran grandes y oscuros intereses que terminan perjudicando incluso al “pequeño productor” (ahora sí, ¿al que tiene algo más/menos de 100 hectáreas?) Intento señalar que antes de defender alegre, casi instintivamente una posición, deberíamos ser capaces de pensar en los múltiples significados de las diversas luchas sociales.

Y si de curiosidades y de luchas hablamos, esta semana santa además de convulsionada fue un poco más larga de lo habitual. Un feriado impuesto se enlazó como si fuera parte de la misma celebración, al tradicional festejo de estas fechas. Cargado de significaciones y, hay que decirlo, de vacíos. Para las personas católicas debería haber resultado al menos paradójico esto de unir casi sin distinción el recuerdo y conmemoración anual de la resurrección, a la memoria de uno de los mayores crímenes organizados y perpetrados por el estado de la historia de nuestro país. ¿O es que acaso ya no somos capaces de hacer memoria?

*dahiabell@yahoo.com.ar


Nota:  En algunos enunciados del artículo he optado por utilizar la letra x a los fines de hacer visible que el uso de la categoría género no se reduce a lo masculino y a lo femenino. De lo que se trata es de romper la dicotomía genérica femenino / masculino. Es una posibilidad, entre muchas otras, de ensayar un uso no sexista de la lengua desde la escritura. Para una ampliación sobre el tema, así como para disponer de herramientas en el lenguaje hablado, se puede consultar el libro “Porque las palabras no se las lleva el viento. Por un uso no sexista de la lengua.” de Teresa Meana Suárez. O visitar la siguiente página web: http://www.artemisanoticias.com.ar/site/notas.asp?id=45&idnota=4524